Antes de comenzar a explicar cuál de las dos opciones es mejor, o por qué se debe de utilizar una y no la otra, es fundamental aclarar qué; años atrás la normativa que regulaba el tema de calzado era la ANSI Z41,norma que fue retirada en el año 2017 y, justamente, uno de los motivos por los cuales se decide sacar fue al evidenciarse que cuando un objeto pesado cae sobre puntera metálica, el metal se dobla, causándole serias dificultades al trabajador para retirar su pie del zapato e incluso generando lesiones en los dedos.

Aunado al problema que presentaba la puntera metálica anterior al 2017, se encuentra que la plantilla antipenetración se creaba con acero inoxidable, lo que hacía que el zapato fuera un conductor eléctrico y ante una descarga eléctrica ponía en riesgo a quien lo utilizaba.

“A partir del 2017 se empieza a regular la utilización de fibras y resinas diferentes al metal para hacer tanto la puntera como la plantilla, lo que llevó a que actualmente se define que la plantilla antipenetración tiene que ser textil, mientras que para la puntera se utiliza composite, material que surge de la unión entre la fibra de vidrio y la fibra de carbono” explicó Jorge Benavides, instructor experto en Salud Ocupacional.

Dentro de las ventajas del composite se destaca que es un material mucho más liviano que el acero, más resistente y lo principal es que en términos técnicos “tiene memoria”, es decir, que, al reprimirse por determinada situación, como caída de un objeto pesado, regresa a su estado original, lo que le permite al trabajador retirar el pie del zapato sin ningún problema.

Su desventaja, pero no aplicable si pensamos en temas de seguridad ocupacional, es que su precio es más elevado que el de un zapato punta metálica, sin embargo, es fundamental recordar que para trabajos eléctricos se recomienda el uso exclusivo de composite, mientras que, para trabajos de construcción, por ejemplo, la puntera metálica sigue siendo más utilizada.